Una Navidad Inesperada para Mariela Gómez
Esta Navidad no fue como Mariela Gómez la había imaginado hace un año, ni como la habrían imaginado miles de otros inmigrantes venezolanos en Estados Unidos. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en enero cambió drásticamente sus sueños en el país norteamericano.
Retorno a Venezuela
Mariela se vio celebrando estas fiestas en el norte de Venezuela, algo que no ocurría desde hacía ocho años. Se vistió para la ocasión, cocinó, le compró un patinete a su hijo y sonrió frente a sus suegros. Sin embargo, por mucho esfuerzo que hiciera, no pudo ignorar los retos principales que enfrentan los migrantes que regresan a su país: el desempleo y la pobreza.
“Tuvimos una cena modesta, no exactamente lo que esperábamos, pero al menos teníamos comida en la mesa”, dijo Gómez sobre el plato de lasaña que compartió con su pareja y sus suegros, en lugar del tradicional hallaca. “Hacer hallacas aquí es un poco caro, y como estamos desempleados, no pudimos permitirnos hacerlas.”
El peligroso viaje de regreso
Mariela, junto a sus dos hijos y su pareja, regresó a Maracay el 27 de octubre después de cruzar la frontera entre Estados Unidos y México hacia Texas, donde fueron atrapados por la Patrulla Fronteriza en medio de la dura política migratoria de la administración Trump. Fueron deportados a México y desde ahí comenzaron el arriesgado camino de regreso a Venezuela.
El viaje a través de Centroamérica fue en autobús, pero al llegar a Panamá, no pudieron continuar a Colombia en barco debido a los altos costos. En su lugar, tomaron la opción más económica, que los llevó por las aguas tumultuosas del Pacífico, sentados sobre tanques de combustible en una lancha de carga durante varias horas, antes de trasladarse a un bote rápido hasta llegar a una zona selvática de Colombia. Pasaron alrededor de dos semanas allí hasta que recibieron dinero que les permitió llegar hasta la frontera de Venezuela.
La realidad de los migrantes
Mariela fue parte de los más de 7.7 millones de venezolanos que abandonaron su país en la última década, debido a la crisis económica provocada por la caída de los precios del petróleo, la corrupción y la mala gestión. Vivió en Colombia y Perú durante años antes de poner su mirada en Estados Unidos, con la esperanza de construir una nueva vida.
Deportaciones en aumento
El segundo mandato de Trump ha desilusionado a muchos como Mariela. Hasta septiembre, más de 14,000 migrantes, en su mayoría venezolanos, habían regresado a Sudamérica desde que Trump implementó restricciones a la migración hacia Estados Unidos, según datos de Colombia, Panamá y Costa Rica. Además, este año se han estado deportando de manera constante venezolanos a su país natal, después de que el presidente Nicolás Maduro, bajo presión de la Casa Blanca, eliminara su política de no aceptar deportados de EE.UU.
Reencuentros y esperanzas
El regreso de Gómez a Venezuela también le permitió ver a su hija de 20 años, a quien dejó atrás al huir de la compleja crisis del país. Durante las fiestas, charlaron y compartieron unas cervezas, conscientes de que puede ser la última vez que se vean por un tiempo, ya que la hija de Gómez migrará a Brasil el próximo mes.
Mariela espera hacer hallacas para la Nochevieja y también anhela encontrar un trabajo. Sin embargo, sus oraciones para el próximo año se centran principalmente en la salud.
“Le pido a Dios muchas cosas, principalmente vida y salud, para que podamos seguir disfrutando de nuestra familia”, declaró.
Conclusión
La historia de Mariela es un reflejo de los muchos desafíos que enfrentan los migrantes al regresar a su país. Entre el desempleo y la búsqueda de la reunificación familiar, sus esperanzas siguen siendo alimentadas por la familia y la salud.
Aspectos clave
- Mariela Gómez regresó a Venezuela después de ocho años de ausencia.
- El desempleo y la pobreza son desafíos importantes para los migrantes que retornan.
- Más de 14,000 migrantes venezolanos han regresado a Sudamérica este año.
- Las prioridades de Mariela incluyen la salud y la unión familiar para el futuro.

