Un exparticipante del TPS recorre el entramado de cámaras de seguridad en San Francisco

Un exparticipante del TPS recorre el entramado de cámaras de seguridad en San Francisco

La lucha de Samir: la realidad tras la pérdida del TPS en San Francisco

La angustia se ha vuelto parte del día a día de Samir desde que en 2025 perdió su Estatus de Protección Temporal (TPS). Este venezolano de 32 años se encuentra ahora atrapado en un limbo legal, sin empleo y sin un futuro claro. Este artículo examina su situación y el impacto de un sistema de vigilancia creciente que lo hace sentir aún más vulnerable.

La sensación de vulnerabilidad

La vida de Samir ha cambiado drásticamente. Según relata, la creciente instalación de cámaras de vigilancia en San Francisco, y en todo el país, ha alimentado su constante sensación de inseguridad. “Desde el momento en que cruzo la puerta, miro hacia adelante, hacia atrás y en todas direcciones”, comparte Samir, quien prefiere usar un seudónimo por temor. “Cualquier cosa me parece sospechosa. Es como vivir con paranoia. Terminas sintiéndote como un criminal sin haber hecho nada malo”.

La creciente vigilancia del gobierno

Este sentimiento de desconfianza es parte del descontento creciente hacia la expansión de la vigilancia estatal, que se ha convertido en un pilar de la política antiinmigrante del gobierno actual. Según estimaciones, hay entre 70 y 80 millones de cámaras de vigilancia en todo Estados Unidos, lo que equivale a casi una cámara por cada 4 o 4.5 personas. Entre ellas, se destacan alrededor de 120,000 Lectores Automáticos de Matrículas (ALPR) de una empresa conocida, que están esparcidos por calles y carreteras a lo largo del país.

Una mirada crítica

El aumento de estas herramientas de control ha generado preocupaciones entre defensores de la privacidad y activistas de derechos civiles. La administración actual busca justificar un sistema cada vez más autoritario, argumentando que el control migratorio y la “seguridad nacional” son motivos para erosionar las libertades civiles. Autores de un informe reciente señalan que la vigilancia extendida tiene como objetivo crear un proceso de deportación “como Amazon Prime, pero con seres humanos”.

El camino de Samir

Samir dejó Caracas en 2017, durante un periodo marcado por masivas protestas y una represión brutal del entonces líder Nicolás Maduro, justo cuando Estados Unidos comenzaba a imponer sanciones severas. Como músico, primero se trasladó a México, donde trabajó durante tres años como profesor de música. Sin embargo, la pandemia de Covid-19 lo llevó de nuevo a replantearse su futuro.

En diciembre de 2020, decidió ir a Estados Unidos con una visa de turista, confiando en la ayuda de un amigo en San Francisco. En marzo de 2021, solicitó y recibió el TPS, que permite a quienes huyen de situaciones peligrosas permanecer en el país y trabajar legalmente. Samir se reincorporó a la música, enseñando guitarra y teoría musical, y trabajó con un sindicato de tramoyistas en distintos eventos.

La caída del TPS

Sin embargo, su historia dio un giro inesperado en octubre de 2025 cuando la Corte Suprema apoyó la decisión del gobierno de terminar con el TPS para los venezolanos. Esta decisión desencadenó la cancelación del TPS para varios países, afectando a aproximadamente 1.3 millones de personas. La pérdida del TPS fue para Samir el inicio de una serie de desventuras que derrumbaron la vida que tanto había luchado por construir.

“Notifiqué a todas las escuelas y al sindicato que había perdido mi TPS”, recuerda. “Me dijeron que sin permiso de trabajo no podían mantenerme”.

La pérdida de derechos

Con la pérdida del TPS, Samir también se quedó sin seguro médico, su número de Seguro Social dejó de ser válido y su banco cerró sus cuentas. Además, recibió un aviso del DMV advirtiendo que su identificación estatal ya no era válida. “Era lo único que tenía”, señala. “Todos mis documentos están vencidos, no tengo nada de Venezuela, ni de México, y tampoco pasaporte porque aquí no hay embajada venezolana”.

Hoy, depende de amigos en la zona para tener un lugar donde dormir y conseguir trabajos temporales, como clasificar discos de vinilo para coleccionistas. “Sin la ayuda de estas personas…”, dice, y se toma un momento para reflexionar. “He estado protegido, acompañado y querido”, expresa con profunda gratitud.

Una salida complicada

Aunque ha considerado marcharse, la cuestión es compleja. “Podría irme en coche hasta la frontera de México”, explica, “pero no puedo obtener un pasaporte allí, ya que no soy ciudadano, y sin pasaporte no puedo volar a ningún otro lugar”.

Construyendo un futuro incierto

Samir vive día a día en un entorno cada vez más vigilado. A finales de septiembre, la ciudad anunció que continuaría utilizando cámaras bajo ciertas restricciones. Una investigación reveló que más de 4,000 consultas realizadas a través de redes de ALPR estaban relacionadas con la migración, lo que preocupa a aquellos que luchan por los derechos de los inmigrantes.

“Se siente como ver lo de Venezuela una vez más”, concluye Samir. “La gente tiende a pensar que solo afecta a los indocumentados, pero cuando entregas al Estado el poder de vigilarnos y controlarnos, le estás dando control sobre toda la sociedad”.

Conclusión

La situación de Samir ilustra los desafíos que enfrentan muchos inmigrantes en un entorno de creciente vigilancia y control. Es un recordatorio impactante de cómo las políticas afectan a las personas a nivel humano.

Aspectos clave

  • Samir perdió su TPS en 2025, dejándolo sin empleo y en un limbo legal.
  • La expansión de la vigilancia estatal está generando preocupaciones sobre la privacidad y la libertad.
  • La situación de Samir resalta los desafíos de muchos inmigrantes en Estados Unidos.
  • La falta de identificación y permisos impacta gravemente su vida diaria y laboral.

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